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martes, 31 de mayo de 2011

Corazonada



Una corazonada plena de razón, rasgando el aire como cuchilla, aleteando en vuelos pequeños y cruzados; crecida de tiempo, enmohecida en tristeza, huyendo justo de quien la puso ahí, al borde, apenas instantes antes de saltar y darse cuenta del estúpido juego del que había sido parte.

- ¿Las corazonadas también sentimos, pensamos y queremos? - Se preguntaba, al mismo tiempo que el aire le asfixiaba, pero el miedo a volver era mayor; erizada la piel que no tenía, corriendo con las piernas de las no era dueño, decidió seguir huyendo, sabiendo que de ello dependía su existencia.

No debería sentir, y sin embargo me ha dolido, no sé en qué momento tomé vida propia, esto de tener conciencia me pesa. No debería siquiera saber que todo esto ha sido un juego, que estoy huyendo, que duele, y que no pienso regresar. 

sábado, 29 de septiembre de 2007

Devorador de Sueños, parte dos


Era raro verlo pasar por la calle, le gustaban los rincones fríos y pútridos, donde el agua había provocado una humedad indescriptible e insoportable para las fosas nasales. No tenía más compañía que su viejo morral, y un pequeño gato al que llamaba cariñosamente ‘bicho’. Bicho había perdido todo el pelaje en una de sus múltiples huidas habitacionales, justo cuando aquel humano había encendido un cigarro y la llama se propagó, hasta el punto en que les fue imposible la entrada y tuvieron que salir corriendo hasta el extremo contrario de la habitación.

No había demasiadas cosas alrededor de ellos, ni por quien preocuparse ó a quien cuidar. Tenía un tatuaje de fuego con la promesa impresa de no volver a su tierra, con la gente que lo quería y admiraba, en donde para ese entonces sólo se había vuelto un par de historias en la mente de los más viejos, y una pequeña ilusión de que volviera, en los corazones de la gente que más lo había querido.

Le decían Higo, como diminutivo cariñoso de Higor, a veces se olvidaba de su propio nombre y era acosado por esos recuerdos, justo después de haber conciliado el sueño le azotaba esa sensación de frío indescriptible que recorría su cuerpo, después llegaban las imágenes. Su tierra, los verdes pastizales y las montañas llenas de hojas secas que utilizaban para las fogatas en invierno, era riguroso el castigo de haberse marchado y cada noche lo pagaba con intereses muy altos.

Ese día anocheció más temprano que de costumbre, abrió los ojos, hecho un témpano de hielo que temblaba cuando el aire pasaba dibujando su piel. Del viejo morral sacó un trozo de pan viejo y duro, le dio un mordisco y disolvió poco a poco el pedazo de pan con su saliva, mientras tanto, bicho buscaba algún insecto para no tener el estómago vacío. Se puso de pie, sabiendo que esa noche no cazaría, no tenía ganas de hacerlo; por el contrario, caminó hacia la ventana que dibujaba la Luna a lo lejos y se dedicó a observarla, a sacar conclusiones y apagar pensamientos pendientes. Tardó más de 3 horas en reincorporarse tras haber escuchado a bicho maullando de frío, decidió acurrucarlo en sus piernas y acariciar un poco su áspera piel, procurando calentarle poco a poco hasta que se quedase dormido, le puso encima el viejo abrigo que llevaba puesto y caminó un poco por la habitación.

Su mente estaba volando demasiado bajo y debía planear el siguiente robo de sueños, antes de que el Sol mostrase sus inicios en el horizonte. Así lo hizo mientras miraba con detenimiento la casa de enfrente, la sombra que reposaba casi lasciva sobre la cama y que seguramente estaría soñando. Cómo añoraba ser él quien soñara, quien pudiera permanecer dormido durante la noche y no extrañara tanto las ilusiones de cualquier humano, como las extrañaba ahora.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Devorador de Sueños, Parte 1.


Lentamente, sin razón, el vaso se quedó vacío intentando acallar la sed de quien lo bebía. Se fugó por la tráquea intentando llevarse consigo algunas palabras, recapituló los versos antes dichos y, desde la boca del estómago, encontró salida entre las salpicaduras de un estornudo.

Quedó pasmado con regocijo al divisar en la cama algunos restos morbosos de noches anteriores, le encantaba bailotear sobre ellos y, a veces, chapotear un poco para refrescar la temperatura corporal, hasta encontrarse totalmente renovado.

Siempre prefería la entrada por el oído, que se abría justo después de susurrarle las palabras correctas, comúnmente, un par de versos rebuscados eran suficientes. La grandilocuencia siempre le fue difícil de aceptar en carne propia, por eso le encantaba mantenerse al margen, con el perfil bajo para no llamar la atención.

-La vida es simple- solía decir, cada que lograba que alguien más lo bebiera, a veces, solía zambullirse entre los sueños y pensamientos encontrados, se jactaba cuando lograba que alguien se cuestionara ó despertara con un poco de inquietud. Era verdaderamente un seductor, el mejor depredador de la comarca y un gran consejero en lo que a menesteres amorosos se refiere.

Sabía su oficio, engaña bobos por coincidencia, por simples azares del destino y otras cosas en las que nunca le gustaba pensar. Por convicción, siempre mantenía un aspecto pulcro, como si esperase que volviera quien algún día se marchó; su historia siempre fue borrascosa, supongo que por ello iba con tanta prisa por el mundo, como si los recuerdos le pisaran los talones en cada paso.

Las memorias lo asfixiaban, prefería vivir de sueños ajenos que robaba durante las noches mientras todos dormían, le parecía, hasta cierto punto, monótona la secuela de efemérides que rompía a su paso. El cazador está cansado de huir, cansado de su oficio y de los sueños que no le pertenecen, de construir castillos donde la tierra nunca ha sido sólida para vivir entre nubes.